SANTO DOMINGO, RD. El movimiento revolucionario marxista organizado en la República Dominicana es relativamente joven si lo comparamos con la formación de organizaciones de ideas socialistas y comunistas no sólo de Europa, sino de varios países de América Latina. Sin embargo, ya a finales del siglo antepasado y a principios del pasado, en el país existían personas con ideas inclinadas al socialismo, aunque podríamos calificarlas de incipiente, confusas y anarquizadas.

Entre esas personas podemos mencionar a José Dolores Alfonseca, dirigente de la “Liga de Obreros y Artesanos”, fundada en el año de 1899, y que en el año de 1900 denunciaba al sistema de producción capitalista y señalaba la necesidad de “democratizar los medios de producción para en el mañana llegar a la base del socialismo”.

La Revolución Socialista de Rusia (1917) causó impacto en el país, y ya en el año 1920 había ciertos núcleos que se tenían como adeptos o simpatizantes de la Revolución de Octubre. A La difusión de las ideas del bolchevismo contribuyeron dos rusos que habían venido a residir a La Vega, así como algunos nativos de esa comunidad. Las primeras obras de contenido marxista de mayor distribución en el país fueron las de Adalberto Chapuseaux, tituladas: “Revolución y evolución” y “El por qué del Bolchevismo”.

En las primeras décadas del pasado siglo XX existían en el país varias organizaciones de trabajadores, las cuales eran realmente gremios y no sindicatos. En 1920 se fundó la Confederación Dominicana del Trabajo-C.D.T.- como producto del primer congreso de los trabajadores dominicanos. Al inaugurarse la C.D.T, ésta difundió un programa de reivindicaciones económicas y políticas, como: reajuste salarial, jornadas de 8 horas de trabajo, derecho a huelga, la lucha por la soberanía total del país, que se encontraba invadido por las tropas yanquis, etc., etc. Pero inmediatamente la tiranía trujillista tomó el poder en el año 1930, como parto maldito de la odiosa intervención yanki de 1916, la C.D.T. fue reprimida y neutralizada por el tirano.

De igual manera, Trujillo la emprendió contra las ideas democráticas y revolucionarias e impedía la formación de organizaciones independientes de los trabajadores. El país fue aislado de la Unión Soviética y de los demás países de Europa donde el movimiento socialista había alcanzado cierto grado de desarrollo. Esto, unido a la dependencia, en todos los órdenes, del imperialismo norteamericano; así como el predominio de las relaciones pre-capitalistas de la producción, basadas en el refractario sector agro-pecuario, en que el principal renglón industrial, el azúcar, descansará en manos de obra extranjera (haitianos, puertorriqueños, holandeses, “cocolos”, etc.) fueron factores determinantes para retrasar la organización y el desarrollo del movimiento obrero y revolucionario en el país.

Paralelamente a su feroz represión, el tirano desde el inicio mismo de asumir el poder, comenzó a dar pasos vertiginosos para convertirse en uno de los más grandes burgueses del país. En su acumulación de capital, comenzó a tomar el control de la Lotería Nacional; en 1932 hizo votar una ley que le aseguraba la extracción y comercialización del cloruro de sodio (sal común); en 1935 adquirió el ingenio Ozama de San Luis, de capital yanki. Los trabajadores vivían en condiciones terriblemente infrahumanas y sin organizaciones sindicales clasistas que los defendieran; la lucha política estaba muy clandestina y no existía un partido revolucionario que combatiera la férrea dictadura de Trujillo, la cual mantenía un terror sin límites.

El 20 de octubre de 1936 el tirano dictó la primera ley anti-comunista, la No. 1203. A finales de la década del ‘30 y principio de la del 40’ llegaron al país miles de exiliados españoles anti-franquistas, algunos de los cuales militaban en el Partido Comunista español. Estos inmigrantes españoles hicieron contacto con estudiantes universitarios, intelectuales, jóvenes y obreros dominicanos, fundamentalmente con los obreros azucareros del Este. Los españoles difundían las ideas marxistas entre esos sectores dominicanos, lo que contribuyó junto a la creciente rebelión contra el tirano y las injustas condiciones de vida de los trabajadores, al surgimiento de núcleos marxistas y el movimiento sindical clasista. La primera huelga de los obreros azucareros del Este se llevó a cabo en el año 1942.

El movimiento huelguístico estuvo dirigido por los obreros: Fernando-Nando-Hernández (padre de Homero Hernández Vargas), Julio A. García Dickson (Blanquita) y Héctor Porfirio Quezada (Negrita), todos oriundos de La Romana. El sátrapa Rafael Leonidas Trujillo Molina disolvió la huelga mediante el látigo y la metralla. Quezada y García Dickson fueron salvajemente asesinados; pero la llama de la rebelión de los obreros continuaba encendida. Esto, unido a la situación política internacional, dada la derrota infringida por el Ejército Rojo de la Unión Soviética al ejército mercenario nazi-hitleriano, determinó que el tirano hiciera algunas concesiones al movimiento obrero. Sin embargo, la tiranía creo su instrumento, la llamada Confederación de los Trabajadores Dominicanos (C.T.D), bajo el mando de los agentes patronales trujillistas: Francisco Prats Ramírez y Julio Cesar Ballester. Trujillo continuaba tomando el control de la economía del país. Ya en 1941 había logrado el tratado Trujillo-Hull para el pago de la deuda externa.

En 1944 Trujillo adquirió la Compañía Anónima Tabacalera y fundó la Fábrica Dominicana de Cemento; en esta misma década fundó “La Manicera” para comercializar aceite. Por ello prohibió la importación de esa grasa; mediante ley prohibió el consumo de manteca de cerdo, bajo la argumentación de que la misma transmitía una enfermedad llamada “dandí”. También en esta década, el sátrapa adquirió el Nacional City Bank, ligado al enclave azucarero; pero ya en 1941 había fundado el primer banco estatal dominicano: el Banco de Reservas de la República Dominicana.

A inicios de la década del ‘40 ya existían algunos núcleos de ideas marxistas en el país, fundamentalmente de la Capital, y algunos pueblos del interior, como La Romana, Santiago, Barahona y San Pedro de Macorís. Esos núcleos estimulados por los inmigrantes españoles y por la influencia del P.S.P. cubano, comenzaron a trabajar para la formación de un partido de orientación marxista. Los mismos realizaron un encuentro de delegados a finales del 1943, donde acordaron los criterios de trabajo para realizar su primer congreso, el cual se efectuó en el año 1944, de donde surgió el Partido Democrático Revolucionario Dominicano (P.D.R.D), organización en la cual predominaban las ideas marxistas, aunque había varios núcleos de pequeños burgueses que no eran partidarios de esa doctrina, razón, entre otras, por la cual ésta no desarrolló los aspectos imprescindibles de un partido marxista de vanguardia, sino que primaron las tareas democráticas anti-trujillistas, quedándose en el esquematismo y sin un programa, predominando los criterios de la formación de un frente anti-trujillista. En 1946 los obreros azucareros de San Pedro de Macorís iniciaron una huelga dirigida por el líder obrero Mauricio Báez.

El movimiento huelguístico se extendió a La Romana y a la Capital, fundamentalmente. La heroica actitud de los trabadores los llevó a obtener la victoria. Lograron importantes conquistas económicas y políticas. Antes de 1946 los trabajadores vivían en condiciones que podían catalogarse como de esclavitud. De 1929 a 1946, los obreros de las centrífugas devengaban un salario de $0.60 por hora de trabajo; un técnico electricista recibía un $1.50 por igual jornada de trabajo; mientras que los serenos sólo recibían $0.40 por 16 horas de trabajo; los carreteros recibían de 9 a 20 centavos por viaje, de acuerdo a la distancia que debían recorrer; los que desyerbaban la caña recibían de 3 a 7 centavos por tarea, etcétera.

Entre las importantes conquistas que logró el movimiento obrero con la huelga del año 1946 se pueden mencionar las siguientes: 1. Cumplimiento de la jornada de 8 horas de trabajo. 2. Pago de horas extras y descanso los días feriados. 3. Regulación sobre los aprendices. 4. Prestaciones laborales por cancelaciones (preaviso y cesantía). 5. Vacaciones anuales pagadas. 6. Cierre del comercio al medio día y a las 6 de la tarde. 7. Mejoramiento de la Ley de Seguros Sociales (en manos de la compañía San Rafael, propiedad del grupo Trujillo). 8. Retiro por vejez e incapacidad. 9. Aumento de salario hasta $4.50 para técnicos y centrifugueros.

En esa ocasión, el tirano –demagógicamente- llamó a la oposición a organizarse públicamente e instó a los exiliados a regresar al país. La tendencia marxista del P.D.R.D. constituyó el Partido Socialista Popular (P.S.P), el cual salió a la luz pública el 27 de agosto de 1946. El P.S.P. se definió como “marxista-leninista–stalinista”, cuyos principales dirigentes eran entre otros: Freddy Valdez y Mauricio Báez. En ese mismo año se constituyó la Juventud Democrática, apéndice del P.S.P. En el orden económico, Trujillo continuaba su expansión en la economía del país; en el año 1947 instaló el Banco Central de la República Dominicana como emisor y regulador de la circulación del peso oro dominicano.

En el orden político, el “Benefactor” desató una tenaz persecución contra los dirigentes del P.S.P., apresando gran parte de ellos y asesinando otros. Los que escaparon a la cárcel y a la muerte se exiliaron en algunas embajadas. Así quedaba en desbandada esa organización. El moviendo obrero también había sido desarticulado, al igual que la Juventud Democrática. El imperialismo con su representante directo, Mr. Kilbourg, administrador de los ingenios y alto militar de la invasión de 1916, junto al capataz Rafael Trujillo, perseguían, encarcelaban, desaparecían y asesinaban a los líderes obreros y demás revolucionarios.

De los líderes del movimiento fueron asesinados: Alberto Larancuent, Nando Hernández, el zapatero Raúl Cabrera y otros. Entre los que sobrevivieron de aquellas jornadas estaban Faustino José del Orbe e Ismael Paulino (Semillita). Trujillo dictó la segunda ley anti-comunista, la No. 1443 y creó una famosa comisión “para investigar los actos anti-dominicanos”. En ese mismo año (1947) los exiliados dominicanos prepararon la expedición de Cayo Confites para combatir al tirano; pero la misma no llegó a materializarse. El 19 de junio de 1949 se produjo la expedición de Luperón, la cual fue aplastada militarmente por la tiranía, aunque esto contribuyó a acrecentar la rebelión anti-trujillista.

En el año de 1950 fueron asesinados los líderes Mauricio Báez y Freddy Valdez (El primero en Cuba –por agentes trujillistas -, y el segundo en una cárcel del país. El P.S.P. se reorganizó en el exilio. Luego se fundó el Movimiento de Liberación Dominicana (M. L. D.) y la Unión Patriótica Dominicana (U.P.D.). Ambas organizaciones estuvieron vinculadas al P.S.P.; ya existía el P.R.D. también en el exilio con más de una década de fundado. La labor del P.S.P. se limitaba simplemente a denunciar la tiranía, y posteriormente, junto al M. L. D. y la U. P. D., a preparar la expedición que hubo de llevarse a cabo los días 14 y 19 de junio de 1959 por Constanza, Maimón y Estero Hondo.

Surgió entonces una tendencia en el P.S.P dirigida por el periodista vegano Pablo Antonio Martínez Rodríguez, Máximo Antonio López Molina y otros, quienes planteaban la necesidad de regresar al país de la forma que fuera y a cualquier precio, a organizar la lucha contra la tiranía trujillista en el propio territorio dominicano. Después de una profunda reflexión y de sereno análisis de la expedición de junio de 1949, esa tendencia plateaba que toda expedición que no contara con cierta base material en el país estaría condenada al fracaso. Su firme idea de regresar a combatir al tirano en su propio terreno, organizando una base política y militar, llevó al grupo a separarse del P.S.P. para fundar una organización, desde la cual podrían materializar sus ideas.

II.-PERIODO 1956-60

1.- Fundación y Desarrollo del M.P.D.

El día 20 de febrero del año 1956 fue fundado el Movimiento Popular Dominicano-M.P.D.- “reuniendo a un grupo celular de gente trabajadora, que tenía en su historia la constancia de sus actividades en las mismas entrañas del monstruo, en donde sufrieron vejación, tortura, persecución y encarcelamiento” (del editorial de Libertad No. 8, febrero,1957). Los fundadores fueron, entre otros: Pablo Antonio Martínez Rodríguez, Máximo Antonio López Molina, Julio César Martínez, Esperanza Font Alfáu, José Moscoso, Víctor Orzatellis, Alfonso Espinal, Andrés Marcelino Ramos Peguero, Ramón Emilio Mejía Pichirillo y Francisco Elizardo Ramos Peguero.

En sus inicios, la dirección consistió en un secretario general, compuesto por Pablo Martínez, de propaganda; Víctor Orzatellis, de relaciones obreras; Máximo López Molina de relaciones exteriores y José Moscoso de finanzas. El acto de fundación del M.P.D se efectuó en el apartamento donde residía uno de los fundadores, el periodista Julio César Martínez, en un lugar denominado: “La Correa”, frente a la plaza José Martí, de La Habana, Cuba. Ese día nació una organización que habría de delinear otras características del exilio anti-trujillista; caracterizado en esos momentos por actitudes acomodaticias y burocráticas, por un lado, y las ideas de la repetición de las expediciones sin contar en el país con base política y militar, por otro lado.

Del grupo de fundadores, Víctor Orzatellis Matos, que había sido dirigente obrero en la región Este de la República Dominicana, resultó ser un traidor que colaboró con la dictadura de Batista. Igual hizo Leovigildo Piña, que como Orzatellis, se embarcó desde Haití junto con los hermanos Ramos Peguero para llegar a Cuba. Sobre estos traidores dice Cayetano Rodríguez que: “Orzatellis fue fusilado en los primeros días de la revolución y Leovigildo Piña vivió varios años escondiéndose de todos y finalmente desapareció sin dejar ningún rastro”.

El M.P.D. adoptó como bandera la roja y negra, la bandera de liberación latinoamericana, colores que significan: “Libertad o Muerte”. Como producto de una profunda reflexión y un sereno y científico análisis sobre la expedición del 19 de junio de 1949, llegada al país por Luperón, Puerto Plata, nuestra organización planteó la tesis de: “Lucha interna o Trujillo siempre”. Esta tesis tenía como fundamento: “La lucha organizada dentro del territorio dominicano y el regreso, también organizado, de los exiliados para sumarse a esa lucha”.

La tesis emepedeísta sostenía que a Trujillo había que combatirlo política y militarmente desde dentro; sustentaba el criterio de que había que crearles conciencia política a las masas, y además crear una organización en el interior del país, aún fuera mínima, sin la cual todo tipo de expedición fracasaría aplastada por las hordas de la tiranía trujillista. “Ya todos los pueblos de América conocen y odian a Trujillo y sus secuaces, pero no creen que el exilio por sí sólo hará mayor cosa para derribarlo, porque para ello tiene que organizarse la revolución en el territorio dominicano” (La tesis del MPD, Libertad No.1, febrero de 1956).

El MPD entendía que el exilio no sólo debía dedicarse simplemente a denunciar el régimen de Trujillo, cuando ya el mismo era conocido y repudiado en todos los pueblos del continente y más allá; tampoco creía que debía de repetirse la táctica de las expediciones aisladas del pueblo; en oposición, sustentaba que había que crear un movimiento popular interno capaz de concienciar a esas masas “que aunque parezcan estar durmiendo”, pudieran ser volcadas a las calles, en las ciudades, aldeas, fábricas, suburbios, etcétera.

El documento citado lanzó el siguiente llamado: “Si somos sinceros revolucionarios, unámonos por encima de nuestras reacciones personalistas; todas nuestras fuerzas contra la tiranía; movilicemos a la América de Bolívar, de Duarte y de Martí con el propósito de poder regresar a nuestra querida Quisqueya a cumplir con dignidad y espíritu de sacrificio y abnegación nuestros deberes de ciudadanos libres y amantes de la libertad. Conquistemos nuestro puesto de honor en la historia o sigamos indolentes en las frías nominas estadísticas como simples habitantes en tierras de tiranos”.

El MPD nació como una organización democrática anti-trujillista y anti-imperialista; pero en sus filas había estudiosos y seguidores del marxismo-leninismo, lo que hizo que el naciente movimiento no fuera una más de las tantas organizaciones anti-trujillistas que llegaron a constituirse en el exilio, como el PRD, el Frente Unido Democrático (FUD), “Vanguardia Revolucionaria”, M. L. D., U. P. D., Bloque de Acción Revolucionario Dominicano, Pro Acción y Unificación Dominicana, (Pro-AUD), etc., varias de las cuales estaban compuestas por personas que mantenían su “status” con sus actitudes de “los budas del exilio, que se entretienen con mirarse el ombligo” (Libertad No. 8, febrero de 1957.).

“El M.P.D. devino polémico: aparecieron buenos amigos y también detractores. Los hubo de todos los colorines. No nos envanecieron las adhesiones ni respondimos con estulticias a las infamias, sino que expusimos nuestras razones y nuestros criterios, sometiéndolos ante el ágora popular en la confianza de que madurarían si eran correctas. Así ha sido. El insigne escritor Jorge Mañach saludó en su extenso artículo publicado en la revista Bohemia los planteamientos del MPD. Los Propios detractores han ido enmendando poco a poco su falsa actitud, y mejor todavía entre los exiliados se han producido debates originados en nuestros enfoques, que a la larga serán beneficiosos, pues así se quiebra el marasmo del monólogo a que nos obligan todas las formas de dictaduras” (del editorial de Libertad No. 8, 1957).

Nuestra organización tuvo que enfrentar muchos y variados ataques de parte, no sólo de los tiranos y de los trujillistas radicados en el extranjero, sino sobre todo de parte de los exiliados anti-trujillistas. Múltiples ataques fueron respondidos siempre con altura y espíritu de convencer, a tal punto que algunos de los que lanzaron esos ataques y esas críticas posteriormente llegaron a militar en la organización; otros ataques no fueron respondidos por considerar que la mejor respuesta era el silencio.

El editorial: “Lucha interna o Trujillo siempre”, (de Libertad No. 9 de octubre de 1957), refiriéndose a los virulentos ataques lanzados a la tesis, señalo: “… No obstante el esfuerzo aportado al desarrollo de este planteamiento, ampliamente divulgado a través de nuestras publicaciones, no ha logrado penetrar lo suficiente en la convicción de los exiliados dominicanos, aunque sí en amplísimas proporciones en diversos sectores de la opinión pública, entre los que se encuentran los hombres de las más claras perspectivas y de indiscutibles discernimientos políticos” ; y agregaba: “Parece natural que tal resultado político luciera pedagógico por el hecho de haber sido objeto de mayor y mejor acogida de parte de elementos fuera de nuestra nacionalidad”.

“Pero la duda se despejará fácilmente cuando se tomen en cuenta, por una parte, el criterio existente aún en el núcleo apreciable del exilio, aferrado a la idea de organizar la insurrección en el exterior, desestimando la acción masiva del pueblo dominicano, y por la otra, el riesgo y la peligrosidad que significaría para los nuestros no sólo de sus comodidades e intereses creados en el exilio, sino de su libertad física y hasta de la propia vida, al asumir la audaz responsabilidad de enfrentar a la fiera en su propia madriguera” (Ibid.).

2.- La aparición del periódico LIBERTAD y el papel jugado por éste

El 27 de febrero del año 1956 (una semana después de fundada la organización) salió a la luz pública la primera edición de nuestro combativo, agitador y formador órgano: LIBERTAD, que entonces se definió como: “VOCERO DE LA REVOLUCION DEMOCRATICA”. Bajo el titulo de: “¡BASTA YA DE FARSA!”, la primera edición de Libertad lanzó una proclama a “Los obreros y campesinos”; Estudiantes y Profesionales”; “A todo el pueblo dominicano”, denunciando las pretensiones de la tiranía de continuar en el poder mediante la farsa electoral que se efectuaría en el año siguiente (1957). Se señalaba que, como era lógico, eso significaría para el pueblo más hambre, miseria, persecuciones, crímenes. Se indicaba que toda esa maniobra la frustraría el pueblo si se organizaba; si se unía en sus propósitos y se movilizaba como un solo hombre.

El documento terminaba planteando tres tareas inmediatas que debían realizarse:

a) Movilizar las organizaciones democráticas de América y a todos los sectores que se solidaricen con la causa popular dominicana, para que apoyen nuestras demandas;

b) Propugnar por la lucha en el interior del país como medio fundamental para conquistar las libertades conculcadas,

y c) Regresar a la República Dominicana a ejercer civilmente nuestros derechos ciudadanos cuando el pueblo obtenga las garantías por él demandadas y se den las condiciones necesarias para ese ejercicio.

En ese mismo número de Libertad, en un “Llamamiento a las organizaciones”, el MPD. señalaba que los revolucionarios dominicanos estaban en el deber de enfocar a fondo los problemas de nuestro pueblo y las tareas idóneas y especificas que debían desarrollar para golpear con efectividad a la tiranía. Llamaba a las organizaciones a realizar una gran movilización en el plano internacional y a condenar la farsa electoral para acorralar a la tiranía, y a exigir garantías para que el pueblo dominicano pudiera ejercer y disfrutar los derechos humanos.

Además, en ese mismo artículo el MPD sostenía que la lucha de los exiliados debía pasar a una etapa nueva, distinta. Señalaba que ya la época de otros métodos que no fuera la lucha del pueblo mismo había pasado a la historia, y que por tanto había que elevar el nivel de la lucha popular al plano superior. Finalmente se llamaba a todas las organizaciones en el exilio a realizar tareas conjuntas en torno a los objetivos planteados, “que son los objetivos del pueblo”.

En sus inicios, el periódico Libertad tuvo como director a Julio César Martínez; Pablo A. Martínez era el subdirector, mientras que José Moscoso era el administrador. El nombre de nuestro periódico fue extraído de una de las estrofas de nuestro Himno Nacional. La primera edición constó con ocho páginas y 3 mil ejemplares, y ya a los pocos meses el número de páginas era de 12, mientras que el número de ejemplares se elevó a 5 mil, antes de un año.

El rápido crecimiento de Libertad y la extraordinaria acogida que tuvo, no sólo en Cuba, sino en todo el continente americano, se debió a que en él se vertían las posiciones más correctas; era una fuerte trinchera de denuncia contra los crímenes que cometía la tiranía trujillista y sus secuaces, contra las dictaduras del continente, contra el imperialismo, así como también era el periódico que hacia los análisis más serios y documentados a cerca de la situación económica, política, cultural y social en general del país; era una trinchera de denuncia permanente contra la terrible miseria que padecía el pueblo dominicano.

Libertad era el vocero del exilio que con mayor interés, dedicación y conocimientos se preparaba. Eso explica el hecho de que en tan corto tiempo llegara a tener una tirada de 5 mil ejemplares, cantidad que no había llegado a tirar ningún periódico en el exilio. Eso explica también el hecho de que por todos los países de América circularan sus ejemplares, fundamentalmente en los sindicatos, asociaciones culturales, estudiantiles, profesionales, etcétera. A partir del tercer número ya Libertad entraba en gran cantidad a República Dominicana, y clandestinamente circulaba instando al pueblo a la lucha contra la tiranía. La característica de Libertad, sobre todo por polémico, obligaba constantemente a la mención del mismo.

Diversos órganos y personalidades hacían llegar sus comentarios a la redacción de nuestro vocero, así como también algunas revistas reproducían varios artículos que publicaba nuestro órgano. La revista BOHEMIA, considerada entonces como: “La más alta tribuna del periodismo de América”, reprodujo en su edición del 22 de julio de 1956, página 91, el artículo publicado por Libertad No. 4 de junio del mismo año, sobre la situación del campesino dominicano, titulado: “97 MIL NIÑOS TRABAJAN EN FINCAS SIN RECIBIR SALARIOS”, con el subtitulo de “Espantosas condiciones semi-feudales”. La misma revista en su edición de abril del mismo año, pág. 47, hizo extensos comentarios y reflexiones sobre el llamamiento que lanzó el primer número de Libertad. Mario Kuchilán, en su columna Babel, del periódico “Prensa Libre” también publicó una síntesis de documentos sobre la situación campesina.

El dominicano Ramón Grullón, editor de “Tribuna Dominicana”, en México, también elogió y felicitó el llamado público hecho por Libertad. También los dirigentes de Vanguardia Revolucionaria Dominicana y del FUD, el Dr. Samuel Mendoza y Tomás Reyes Cerda, respectivamente, hacían llegar sus felicitaciones a la redacción de nuestro periódico, así como innumerables personalidades de toda América, como el periodista brasileño residente en Cuba, Peguero Álvarez, quien se refirió al artículo que publicó nuestro vocero en su edición de octubre de 1956, titulado: “El clero y la tiranía”.

3.- Desarrollo de M.P.D, su lucha contra la tiranía batistiana y su solidaridad con el movimiento revolucionario del continente

Los dirigentes emepedeistas lanzaron una gran campaña política y organizativa, incluso fuera de Cuba, ya que, “La tesis no debía ser un mero enunciado, sino también una conducta. Esa conducta tenía que ser de absoluta consecuencia democrática, no sólo en el caso dominicano, sino también en el caso de toda América y el Mundo” (Libertad No. 8, febrero de 1957). El M.P.D llegó a tener delegados en Costa Rica y otros países del continente. En Puerto Rico trabajó fundamentalmente entre los estudiantes anti-trujillistas que se encontraban allí, llegándose a conformar el Moviento Estudiantil Dominicano (MED).

Los miembros del MPD fueron fieles solidarios con el movimiento revolucionario cubano, y en consecuencia, intransigentes combatientes contra la sangrienta y corrupta dictadura que encabezaba Fulgencio Batista. Y es que desde antes de existir el MPD como tal (aunque sí existía como necesidad) ya varios de sus miembros habían tenido una amplia participación en las actividades solidarias, tanto moral, como de manera militante al movimiento revolucionario cubano. Ya antes Pablo Martínez había conocido en la universidad a dos dirigentes del Movimiento 26 de Julio, Carlos Yanqui y Manolito Carbonell, y junto a otros exiliados dominicanos trabajaron en la tirada del periódico “Alma Máter”, el cual fomentaba la insurrección contra Batista. Pablo Martínez escribía, componía y hasta compaginaba ese periódico.

Dos dirigentes fundadores del M.P.D. estuvieron en la Sierra Maestra con el ejército rebelde de Fidel Castro. Incluso, Ramón Mejía Pichirillo fue quien condujo el yate “Gamma” desde México hasta el Oriente de Cuba. Andrés Marcelino Ramos Peguero fue un destacado soldado de la causa del pueblo cubano, llegando a alcanzar el grado de capitán del ejército revolucionario que puso fin a la tenebrosa tiranía de Batista, el primero de enero de 1959. Conociendo de la firme actitud solidaria con el ejército revolucionario cubano que tenía el M.P.D., y además como una forma de complacer a su congénere, Trujillo, Batista llevaba a cabo una encarnizada represión contra las actividades de la organización y contra todos sus miembros conocidos. La edición No. 9 de Libertad, de octubre de 1957, fue incautada casi en su totalidad por los testaferros policías al servicio de la dictadura que oprimía al pueblo de Martí.

En el mismo año de 1957, los dictadores Trujillo y Batista tuvieron ciertas contradicciones, lo que fue aprovechado por algunos malos dominicanos para dedicarse a colaborar con el dictador cubano, argumentado que aquel podía contribuir con la causa anti-trujillista. Sin embargo, el MPD mantuvo su posición intransigente contra el sanguinario dictador, cuyo nacimiento en la tierra de Martí constituía una vergüenza para los buenos cubanos. Nuestra firme posición llevó a un grupo de lacras dominicanas que colaboraban con Batista a través de Rolando Mansferrer, a lanzar una serie de ataques contra Pablo Martínez, acusándolo de: “priísta-trujillista-anti-bastitiano”, calumnioso ataque que preparaba el terreno para intensificar la represión contra la organización.

En septiembre de 1957, mientras varios sectores de exiliados estaban confiando en que el dictador cubano daría una “ayuda” para venir a derrocar a Trujillo, el MPD, a través de dos documentos, le hizo saber al “presidente” títere de títeres, Héctor B. Trujillo, su firme disposición de correr el riesgo de venir al país a organizar y dirigir los obreros, los campesinos, los estudiantes, los profesionales, etcétera, para volcarlos a la lucha contra la tiranía. Uno de esos documentos fue contestado por el Secretario de Estado, Luis Ruiz Trujillo, cuya respuesta entregó personalmente el entonces Secretario de Estado de Trabajo, Ramón Marrero Aristy, a una comisión de emepedeístas, en Cuba.

La respuesta no satisfizo al MPD, por lo que lanzó otro documento de exigencia contra el tirano. Los calumniosos y virulentos ataques contra el camarada Pablo A. Martínez habían allanado el camino sangriento para la eliminación física de ese valiente luchador revolucionario. El día 13 de marzo de 1958 los camaradas Pablo Antonio Martínez y Esperanza Font Alfáu asistieron a los funerales de un grupo de estudiantes asesinados por la policía batistiana. Allí representaron al MPD, y al salir de la iglesia Sagrado Corazón de Jesús, de la avenida La Reina, en La Habana, ambos camaradas fueron detenidos por dos individuos vestidos de civil, quienes se identificaron como policías. Fueron registrados y sólo le encontraron los recordatorios que estaban repartiendo en la Iglesia, los cuales les fueron arrebatos por los policías. La camarada Esperanza fue puesta en libertad; pero el camarada Pablo desapareció para no aparecer jamás, sabiéndose después que fue torturado y asesinado en una de las inmundas ergástulas del régimen batistiano, convirtiéndose así en el primer mártir del Movimiento Popular Dominicano.

La solidaridad de nuestra organización no sólo se expresó con el movimiento revolucionario cubano, sino que siempre estuvo al lado de los combatientes que luchaban contra las diferentes dictaduras del continente. Siempre mantuvo una consecuente campaña de denuncia contra la tiranía, a la vez que LIBERTAD publicaba documentos importantes elaborados por los revolucionarios de esos países, como Venezuela, Nicaragua, etcétera.

4.- La expedición del 14 de junio de 1959 y nuestras diferencias con los dirigentes de la revolución cubana

Luego de triunfar la revolución cubana, el comandante Fidel Castro se comprometió con una alianza de derecha e izquierda, que fue la que capitalizó las expediciones de junio de 1959. Fidel se comprometía con esa alianza creyendo que aquí se podría repetir mecánicamente lo que se había hecho en Cuba. Mientras, el MPD reiteraba su tesis de: “Lucha interna o Trujillo siempre”. Pero el foquismo era lo que primaba, y ante la eminencia de que la expedición se llevaría a cabo, los camaradas Andrés Ramos Peguero y Mejía Pichirillo asistieron a una reunión que se efectuó en Caracas, Venezuela, para discutir lo que se estaba planeando en Cuba.

A esa reunión asistieron, entre otros: José Figueres, Juan Bosch, Angel Miolán y Ares García, además de Mejía Pichirilo y Ramos Peguero. Ante la evidencia de que la alianza de derecha e izquierda, con la que Fidel estaba comprometido, llevaría a cabo la expedición, Figueres planteó que debía abrirse un “segundo frente”, y que debía organizarse en el Este del país (Santo Domingo), dado que era en esa región donde se concentraba el grueso del proletariado industrial. Los camaradas Andrés y Pichirilo consideraron prudente ese “segundo frente”; pero bajo las condiciones de que allí se desarrollaran trabajos políticos previos, y además, según Pichirilo (nativo del Este), la táctica y la estrategia guerrillera que debían establecerse en esa zona tenían que ser diferentes a las implementadas en las zonas montañosas.

Hechas esas gestiones, posteriormente se celebró una reunión en el despacho del millonario conocido editor venezolano, Miguel Ángel Capriles, quien se hizo acompañar de dos altos militares de su país. Pero los sectores venezolanos que colaboraron con el exilio anti-trujillista estaban tan comprometidos con lo que se hacía en Cuba (todavía Fidel no se había declarado marxista), que el M.P.D. quedó fuera de esos esfuerzos, e inclusive, los emepedeistas fueron amenazados por los organizadores de las expediciones de 1959, indicándoles que no podrían volver al país cuando ellos derrocaran a Trujillo, dado que el M.P.D no aceptaba sus criterios.

El Movimiento de Liberación Dominicana (M.L.D.) y la Unión Patriótica Dominicana (U.P.D.), con el comandante Jiménez Moya a la cabeza organizaron las expediciones de junio del año de 1959, saliendo de Cuba y desembarcando por Constanza, Maimón y Estero Hondo. Decenas de dominicanos, once venezolanos (miembros de la Juventud Comunista de allí), seis puertorriqueños y 17 cubanos, entre los cuales se encontraba el joven adolescente Pablito Mirabal (de 14 años), se enfrentaron con bravura de leyenda a todas las fuerzas militares trujillistas, así como sicarios civiles y hasta infelices campesinos que fueron tomados como instrumentos por la sanguinaria dictadura que ya los esperaba, pues estaba informada de que las expediciones se llevarían a cabo.

En un combate tan desigual, muchos de esos valerosos revolucionarios cayeron muertos, mientras que otros fueron capturados vivos y sometidos a inenarrables torturas hasta arrancarles la vida. Sólo cinco sobrevivieron, entre ellos los cubanos comandante Delio Gómez Ochoa y Pablito Mirabal, para el tirano presentarlos al mundo como prueba de que desde Cuba se conspiraba contra su régimen sanguinario. Ese hecho constituyó el segundo revés para las expediciones frente al ejercito trujillista. Constituyó una victoria militar para la tiranía; pero, a la vez, significó una victoria política para la causa anti-trujillista, a tal punto que ese hecho fue uno de los factores que contribuyeron a la caída acelerada de la dictadura de 31 años.

La inmolación de esa pléyade de revolucionarios prendió la inquietud, acrecentó la rebeldía, fundamentalmente entre la pequeña burguesía, surgiendo el Movimiento Clandestino Catorce de Junio, a la cabeza del cual estuvieron, entre otros, el líder Manuel Aurelio Tavárez Justo (Manolo) y su esposa (la mártir-heroína Minerva Argentina Mirabal Reyes). Esas expediciones estaban condenadas al fracaso militar, ya que en el país no existía una base política ni militar entre los obreros y campesinos ni tampoco entre la pequeña burguesía, a pesar de que la rebeldía crecía cada día.

La Falta de esas condiciones determinó que los expedicionarios no recibieran apoyo material en el país. Los expedicionarios traían un programa democrático anti-trujillista avanzado para la época, y de haberse tenido una base de contactos en el campo y la ciudad otra cosa hubiese sido. Pero al analizar la situación, los organizadores de las expediciones no valoraron que aunque los factores objetivos estaban dados, sin embargo, a éstos no se les habían emparejado los factores subjetivos. Faltaba conciencia política entre los campesinos y los obreros, así como la organización interna de la pequeña burguesía anti-trujillista.

El triunfo de la revolución cubana llevó a los organizadores de la expedición a poner ese método de lucha por encima de cualquier otro planeamiento. No valoraron la correlación de fuerzas y los factores ya señalados. No tomaron en cuenta que si bien es cierto que Fidel Castro al fin triunfó, éste había realizado antes varios intentos, entre ellos el asalto al cuartel Moncada con un puñado de hombres y fracasó militarmente. Luego preparó la guerrilla, y partiendo de México se internaron en las montañas cubanas, pero subsistieron y alcanzaron la victoria.

Ahora bien, ¿Por qué triunfó el ejército rebelde cubano? Sin duda alguna, triunfó porque tenía apoyo en la ciudad a través del valeroso Frank País y su organización templada en el combate, y además había contactos organizados en el campo. Así triunfaron en un momento en que el imperialismo “descuidó” en lo estratégico sus intereses en Cuba y no tenía una técnica contra revolucionaria anti-guerrillera en América Latina como la que ha creado y aplicado después de ese hecho.

Aun cuando no se hizo una objetiva valoración de las condiciones materiales y políticas, ese conjunto de revolucionarios latinoamericanos que partió desde Cuba en una expedición hacia la libertad o la muerte, a participar en los hechos, no a escribirlos; que se inmoló en una gesta tan heroica, merece nuestra inclinación reverente a su memoria.

¡GLORIA ETERNA A LOS MARTIRES-HEROES DE CONSTANZA, MAIMON Y ESTERO HONDO!

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