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El artista urbano alternativo KR durante su actuación en el acto de celebración del 63 aniversario de la fundación del MPD.
 

Discurso del profesor Higinio Báez, vocero nacional, en el acto de conmemoración del 53 aniversario de la fundación del MPD


Compañeros(as), amigos/as, camaradas.


Ante que todo, nuestro  reconocimiento y encomio a los nuevos dirigentes y militantes que institucionalizan su bautizo de entrega y compromiso con la mística, dignidad, memoria, y resistencia  del glorioso Movimiento Popular Dominicano, MPD. 

Un gesto inusual que la historia registrará cuando se escriban los anales de la combativa y resistente izquierda dominicana. Esto se sobre dimensiona cuando nos percatamos de que  pocos países del mundo tienen una cultura política de tanta fragmentación como República Dominicana.

Por oposición a la unidad, la división es un rasgo persistente, obstinado de nuestro devenir.

Lejos de caminar en el sentido de la historia, intentando cada día acercar la utopía, a través de la necesaria unidad revolucionaria para la construcción de una poderosa vanguardia política en nuestro país, pervive aún el espíritu de secta, la vocación de cenáculo, la práctica de capilla.

El resultado parece recordar el tormento de Sísifo, condenado a no llegar nunca a la cima de la montaña donde debía conjurar sus faltas cumpliendo con la obligación impuesta por el castigo.

Comprendiendo lo pernicioso y estéril de semejante tradición, y conscientes del desprendimiento que ello supone, El Movimiento Popular Dominicano ha postulado el compromiso de aportar al más amplio proceso de acercamiento y coordinación con las diversas fuerzas revolucionarias que hacen vida en nuestro territorio, para restaurar  la confianza en los procesos de unidad.

El objetivo, a corto y mediano plazo de este proceso, es lograr la más amplia unidad y, desde una perspectiva de la construcción colectiva, consolidar la estrategia de transformación y construcción del socialismo, en una actitud entusiasta; con el corazón abierto, el pensamiento incitado en la certidumbre  del Marxismo-Leninismo, cada vez más renovado en la búsqueda de la más fiel interpretación de nuestras realidades particulares, y sobre todo, con nuestros puños, apretados y levantados, para celebrar juntos este hermoso proceso de inteligencia y construcción colectiva.

Con suficiente modestia y sobrada templanza, debemos sobreponernos a las recurrentes apariciones de los nuevos Mesías teóricos a los cuales parece habérsele encomendada la “predestinada” tarea de esparcir  la luz revelada desde el Olimpo de sus inteligencias, sin percatarse de que es la praxis política la escuela por excelencia del saber del pueblo y de la construcción colectiva del agreste camino de su redención.

En oposición  a ello, Queremos hacer énfasis en el reconocimiento de que todas las reflexiones y experiencias acumuladas a lo largo de los años por nuestras organizaciones y espacios deben servir para la construcción del más diverso y consolidado proyecto de unidad revolucionaria.

Cada nuevo grupo que nace, inflamado de vocación vanguardista, alimenta la división y reparte armas gratuitas a los enemigos jurados del cambio social.

Si hay una necesidad sentida en nuestro país es la de cohesionar a los revolucionarios, trabajar la unidad, y construir un destacamento respetado con vocación  poder y don de mando

En esa virtud, nuestro Partido, en su 7mo. Congreso, se empeñó en un sistemático análisis de la realidad, afinamiento de mira en la visión estratégica, de adecuaciones de las diferentes líneas políticas y tácticas,  que nos permitan, desde una perspectiva ideológicamente clara, aportar al proceso de construcción de una alternativa revolucionaria que logre, más temprano que tarde, organizar, articular y conducir a nuestro pueblo por los senderos de la transformación cultural, social, económica y política.

Estimulados por esa visión, abrimos un proceso de diálogo y acercamiento con distintos grupos y organizaciones que fueron  fraguando una práctica cotidiana, y permitió a las respectivas militancias conocerse, apreciarse, valorarse y, sobre todo, comprender la imperiosa necesidad de transitar hombro con hombro este hermoso y honroso camino.

La integración de estas nuevas Organizaciones: La Peña, El Movimiento Social por el Cambio, Y Los Círculos Revolucionarios, al MPD, rompen la tradición sectaria, y envía un especial mensaje de unidad, pero también de humildad revolucionaria.

Unidad edificante, que tiene una enorme fuerza moral invisible, pues acrecienta la confianza, expande su influjo, multiplica el entusiasmo y eleva la subjetividad.

Este ejemplo ha prendido y pronto estaremos anunciando nuevas integraciones a nuestro Partido. En el, nos aceptamos como iguales y reconocemos en la historia de los que nos abrazan la común camaradería y la fuerza impulsora del mismo sueño.

¡Que viva la unidad revolucionaria!

¡Patria o muerte, Venceremos!

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