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¡Soy joven, soy mujer y lucho por tí, por mí, por todos y todas! 

El sistema político dominicano es adulto centrista, los jóvenes encontramos pocos espacios de poder y es difícil que los adultos “llenos de conocimiento y sabiduría” nos den la oportunidad de desarrollarnos, porque en su opinión no contamos con la experiencia necesaria para “hacerlo bien”, que significa hacer las cosas de la forma ortodoxa en la que ellos aprendieron. No hay creatividad, no hay innovación. Nuestra opinión en muchos casos es subvalorada por el adulto centrismo.

Es común escuchar: “La juventud es el fututo” pero ¿Y  el presente? Los jóvenes somos la fuerza transformadora de los cambios sociales, sin nosotros el futuro sí que es realmente incierto. La frase siempre me hace pensar en que el futuro es aquel en el que ya nos somos jóvenes, donde ya estamos forjados a la imagen y semejanza de aquellos adultos que nos formaron a su manera, reproduciendo el círculo vicioso adulto-centrista.

Es poco común la militancia política y/o social juvenil, por lo que constituye un reto para las organizaciones sociales y partidos políticos captar la atención de estas masas. Ver a un joven involucrado en lo social y político es motivo de comentarios desalentadores y mucho más cuando se trata de ir en contra del sistema, en contra de la corriente: “Solo te están utilizando”,  ”Estás jugando con fuego” son algunos comentarios comunes.

Según la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) desde 2015 el 34% de la población dominicana es joven,  aproximadamente 3, 430,901 personas.  ¿Por qué entonces la escasez de jóvenes involucrados en asuntos importantes para la sociedad? La respuesta se encuentra en varios pilares fundamentales: al gobierno no le interesa que la población dominicana tenga acceso a una educación de calidad, mientras mejor educación recibamos más rebeldes seriamos ante los intentos de engañarnos; la juventud dominicana se encuentra enajenada principalmente a través de las redes sociales y sobre todo, los prototipos promovidos a través de los medios de comunicación son completamente serviles y sumisos al sistema.

Otra población poco común en el mundo social y político son las mujeres, por razones diversas; pero principalmente a través de la historia las mujeres han sido destinadas a otros roles.  República Dominicana aún reproduce el sistema machista y patriarcal, por eso la combinación de joven y mujer resulta en estos asuntos doblemente extraña.

Realizo esta introducción con el interés de presentarme: soy  Jennifer Germosén, activista estudiantil perteneciente a la organización Juventud Duartiana.  En los últimos tiempos he estado también incursionando en otros aspectos del movimiento social. Soy joven-mujer  y estoy involucrada de forma consciente en lo social y político de mi país, porque me interesa el destino de nuestra nación y porque quiero vivir en una sociedad de bien  común.

Mis padres  son personas honradas y de buen corazón: mi padre, un policía pensionado con 31 años de trabajo y mi madre, una conserje de servicio público. Tengo dos hermanos pertenecientes a la Policía Nacional, ambos rindiendo servicio en oficinas gubernamentales. Mi familia es conservadora pero sobre todo, es una familia humilde cuyo sustento depende del Estado en manos de los controladores del sistema. Ellos siempre temerosos de perder su modo de subsistencia me piden renunciar a las luchas sociales.

Teniendo tan solo 21 años y siendo la única mujer de los hermanos,  decidí incursionar en el movimiento popular a través del Frente Amplio de Lucha Popular (FALPO). Recientemente participé en una protesta por mucho tiempo sin igual, creativa e innovadora.

Nos congregamos en la Suprema Corte de Justicia, el 7 de enero del año en curso, fecha en que se mal conmemora el Día del Poder Judicial y ante los medios de comunicación y todos los presentes lanzamos excrementos a la fachada del edificio simbolizando que la justicia dominicana es un estercolero lleno de injusticia e impunidad.

Sin razón válida alguna fuimos arrestados, primero llevados al destacamento Plan Piloto, luego a la Fiscalía La Paz y por último al Palacio de Justicia de Ciudad Nueva bajo máxima seguridad como si se tratara de unos delincuentes, narcotraficantes o de un asunto de seguridad nacional.

En todo el proceso no sabíamos de qué se nos imputaba, no nos permitieron llamadas y restringieron las visitas de rutina. Dos de nuestros compañeros presentaban problemas de salud y necesitaban medicación, la cual no recibieron, incluso uno de ellos tuvo varias crisis en la estadía en la prisión.

Muchos medios de comunicación asumieron un enfoque amarillista y fuimos tendencia en la prensa y las redes sociales principalmente porque se nos acusaba falsamente de ser terroristas, vándalos y que lanzamos excrementos al Presidente de la República y a los símbolos patrios. El Ministerio Público realizó un expediente extenso lleno de falsedades: con cargos de daño a la propiedad privada; asociación de malhechores;  insulto a la autoridad pública y a los símbolos patrios.

El Gobierno quiso enviar un mensaje a la sociedad dominicana de que la rebeldía contra el sistema se paga e intentaron darnos un escarmiento, sin embargo, fueron  jóvenes con conciencia social los que realizamos la protesta. Duramos cinco días en prisión, fue difícil pero no existe primavera sin invierno y nosotros una y mil veces volveríamos a hacerlo por un despertar en la gente de nuestro pueblo.

Muchos/as preguntarán porqué me arriesgo a mí misma y a mi familia sabiendo que mi lucha pudiera afectarles por la represión que caracteriza a este sistema podrido, la respuesta es que yo lucho no solo por ellos, sino por todos los que habrán de llegar, por las próximas generaciones. Escuché en una ocasión de un compañero de trabajo: “Hay dos características inherentes de los jóvenes: son rebeldes y  cuestionadores. Resulta que soy joven y ostento completamente esas características, la cobardía no puede existir en aquellos que desean mejores condiciones de vida para todos/as.

Me siento orgullosa de contribuir al crecimiento de mi sociedad reclamando justicia, mostrando lo que otros no pueden ver y despertando a la juventud enajenada y distraída por los elementos intencionales de este sistema político, al que no le interesa que conozcamos nuestros derechos y reclamemos por el cumplimiento de la responsabilidad del Estado.

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