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Pablo Ferreiras
 

‘’El poder es una fuerza creadora si se usa en favor del pueblo; es una fuerza destructora y nefasta si se usa contra el pueblo. Ulises Heuraux fue llevado al poder por una corriente económica y social avanzada. En la hora aciaga en que Heuraux usó los resortes del poder para crear una fuerza retardataria que le permitiera perpetuarse en el gobierno, desvió la corriente progresista dominicana y la lanzó al vacío, como si hubiera desviado un río fertilizante para hacerlo correr por una ciénaga. En el daño al país iba el suyo y el de su régimen, pero él tenía la pasión dominante del poder y no pudo sustraerse a esa pasión'’. (Juan Bosch)

Ninguna de las fuerzas en pugna hoy merece estar al frente de la dirección de la república, por lo cual es perentorio, obligatorio en términos históricos, no quedarse al margen. Está en cierne la implantación de una dictadura que ha de cercenar los escasos resquicios de libertad ganados a fuerza de mucha sangre, de mucho sacrificio.

Es mi particular criterio el que los sectores democráticos y progresistas convoquemos a lo más sano de la política y pongamos un alto a esta derivada peligrosa por donde estos grupos mafiosos llevan el país; que aprovechemos la coyuntura para procurar una recomposición de fuerzas y actores políticos que viabilice la impostergable Reforma Constitucional que permita refundar nuestro pacto social sobre un basamento sólidamente democrático.

Este momento es uno de esos casos escenarios que debemos aprovechar para impulsar un real Estado de derecho, donde impere la legalidad y la justicia social; es tiempo de quitarnos de encima el lastre del crimen de estado sin consecuencias; es oportuna la ocasión para borrar del ejercicio político la costumbre de enriquecerse a partir de las ventajas que da el ejercicio del poder.

Si no entendemos la coyuntura y nuestros intereses particulares se imponen por sobre el mandato de la historia, seremos los cómplices de la dictadura salvaje que impondrá la mafia gobernante.

La lucha es el camino, las plazas esperan a los pueblos en ánimos libertarios.

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